Pequeña píldora: fragmento de relato contenido en Sueños de Otro Mundo

Por aquí dejo, para quien quiera leerlo, un fragmento del relato "Tommy, el que nunca duerme" que está en el libro Sueños de Ot...

Por aquí dejo, para quien quiera leerlo, un fragmento del relato "Tommy, el que nunca duerme" que está en el libro Sueños de Otro Mundo que autopubliqué en Amazon va a hacer casi un año. Este relato es muy especial para mí, porque su principal idea está arrancada del mismo corazón de una niña de trece o catorce años: yo misma, cuando empecé a escribir. El relato original no tiene nada que ver con este, excepto el título y el accidente de Tommy (más o menos), pero aún así le guardo mucho cariño a esa libreta en la que escribí: Tommy, el que nunca duerme.

¡Espero que tengáis muchas y variadas pesadillas! Si queréis saber como continúa, podéis descargaros aquí el libro completo por solo 0,99 y descubrir también las otras historias de las que ahora mismo me encuentro escribiendo su segunda y última parte.





"Tommy, el que nunca duerme"



1


Es la tercera vez que me mudo en dos años —digo con voz lastimera. Espero sonar lo más convincente posible aunque llevo tiempo sin practicar el habla con los vivos y menos aún a través de esta fascinante tecnología. Hablo por teléfono móvil desde la cocina de mi nueva casa, o mejor dicho, supuesta nueva casa, pues en realidad llevo mucho tiempo sin mudarme y en mi vida creo recordar que solo lo hice en dos ocasiones.
Con una mano sostengo el móvil pegado a la oreja y en la otra tengo un sándwich de mantequilla de cacahuete a medio terminar. Me encantan estos placeres tan mundanos, ya había olvidado el sabor de la mantequilla de cacahuete.
Al fin me he decidido a ayudar a Tommy, su insistencia ha dado resultado y aquí estoy. Es un testarudo pero en el fondo es buen chaval.
¿Quiere decir que el fantasma viaja con usted señor Ford? —pregunta la mujer al otro lado.
Eso parece sí, puedes llamarme Joe —replico intentando ganarme su confianza.
De acuerdo Joe, pero si es un fantasma recurrente será más difícil y eso conlleva otros detalles, no sé si me entiendes...
¿Más dinero?
Tommy tenía razón, su farsa se huele desde lejos.
Sí —responde y hasta puedo notar como sonríe para sus adentros.
El fantasma es muy pero que muy recurrente —digo paseando por la cocina maravillado por los grandes ventanales que permiten que la luz natural ilumine la estancia. ¡Cuánto extrañaba esta luz tan brillante y blanca!
Y allí puedo ver al recurrente Tommy, sentado en el bordillo de la piscina con los pies a remojo y como siempre, sonríe; no sé que es lo que le hace tanta gracia, desde luego si yo tuviera su cara y cuerpo no encontraría motivos para reír. La sangre reseca apenas se ve, ya que todo él es como un tizón negro por las quemaduras que sufrió en el accidente. Dejo el sándwich en la encimera y lo saludo agitando la mano pero Tommy no me devuelve el saludo. Es un maleducado aunque bien mirado, tampoco tuvo la oportunidad de recibir demasiada educación.
El dinero no es problema —continuo—, pero tienes que saber que el fantasma es un poco tímido, no se presenta ante extraños así como así.
Lo haré salir —dice la tipa con seguridad absoluta. ¿Será que se cree sus propias mentiras?
No lo dudo —lo digo con tanta ironía que puedo sentir cómo la medium frunce el ceño con desconfianza. Seguro que piensa que está hablando con alguien que pretende desenmascarar su farsa y de hecho, está en lo cierto.
¿Cómo dice?
Por favor —digo al borde de un falso llanto haciendo vibrar las palabras—. Lo estoy pasando muy mal.
Señor Ford, quiero decir, Joe —dice con retintín—. No sé si es capaz de comprender en qué consiste mi trabajo realmente, si lo que quiere es burlarse de mí, ya puede ir buscándose a otro.
Me encojo de hombros mirando a Tommy dando a entender que será un hueso duro de roer; él aparece de repente a mi lado y coge mi mano para hablar a través de mí, siento la presencia infantil en mi mente y dejo que tome las riendas:
Eres la única persona que puede ayudarme. Mucha gente también me pone en duda cuando cuento a qué me dedico. Escucha, sé lo que es que no crean en ti, pero también sé que no eres ninguna charlatana y tu poder es verdadero. Puedo sentirlo.
Ah. El convincente Tommy, que bien habla y miente el condenado. Me mira con sus ojos ennegrecidos como el resto de su cara y sonríe con sus dientecillos de niño pequeño. No sé como me he dejado enredar por un niño de ocho años y participar en toda esta aventura planeada por él. Sus ansias de venganza son contagiosas y aunque sé que solo me necesita para hablar, no he podido resistir la tentación de ayudarle a hacer que Carol, la medium, recuerde su trágica historia antes de morir, historia que ambos compartieron y que Tommy no ha podido olvidar. Su venganza está más que justificada, sin duda.
Silencio al otro lado del teléfono. Puedo escuchar la respiración agitada de Carol y cuando voy a preguntar si está bien, dice:
Muy bien, me has convencido. ¿Dónde vives?
Miro compungido a Tommy, no sé donde estoy. He aparecido desde el umbral y todavía me dura la sensación de desdoblamiento. Tommy coge de nuevo el mando y me agarra el brazo con fuerza, necesita estar en contacto conmigo para poder hablar a través de mis cuerdas vocales; las suyas están chamuscadas al igual que el resto de sus órganos internos, aunque él si que puede hablar en el sitio del que venimos.
Es el 21 de Silent Valley —dice/digo.
Estupendo, me pilla de camino, llegaré en media hora. Ya hablamos.
Tommy me quita el teléfono de la mano y desliza el dedo en la pantalla para finalizar la llamada. Me mira con orgullo.
Has cumplido tu promesa de traerme a mi antigua casa. Gracias —digo mirando a mi alrededor—. ¡Lo que ha cambiado! No la reconocía.
Tommy se va hacia la nevera en donde hay un montón de imanes con letras. Los junta formando un frase:
‹‹Que comience el show››.





2


Hace tiempo que he asumido mi muerte y sin embargo no he podido olvidar el que ha sido mi hogar durante casi toda mi vida. Tommy me ha traído tal y como dijo. Es un niño de palabra.
Apenas puedo reconocer nada en la casa de lo cambiada que está, me pregunto cuánto tiempo real habrá transcurrido pero no importa. Al menos hemos podido subir y salir de aquel calor irreal.
Me morí a la bella edad de 84 años sin ninguna enfermedad en mi cuerpo más que la vejez. Sin más, una noche dejé de respirar pero no fue doloroso, ni tampoco el final, sino el principio. La muerte es solo un tránsito, un mero trámite, un camino hacia lo desconocido que según he podido saber es diferente para cada persona. Para mí fue literalmente un camino porque cuando mi corazón decidió que ya había latido suficientes veces y dejó de hacerlo, mis ojos se abrieron en otra realidad que seguía siendo la misma de antes de morir: mi habitación; sin embargo, lo que antes había sido el baño, se convirtió, tras mi muerte, en un sendero terroso rodeado de árboles verdes y frescos.
Aparecí al lado de mi cuerpo físico sintiéndome como una brisa ligera, sin apenas peso y con la mente clara. Me observé durante tanto tiempo como pude y no me lamenté por tener que dejar mi cuerpo atrás, ¡al contrario!, Fue una liberación, igual que volver a la juventud. Podía moverme con soltura sin que el hueso de la cadera se saliera del sitio como acostumbraba hacer. Miré mi cuerpo decrépito y arrugado por última vez y me fui por el sendero. No hubo luces que me guiaran hacia ningún lugar ni familiares ya fallecidos o mascotas esperando mi llegada. Nada de eso. Solo el camino que parecía no terminar nunca, pero se acabó cuando llegué a un claro en donde no había árboles. Los rayos del sol de este nuevo mundo —o tal vez solo eran focos— iluminaban una gran piedra solitaria que estaba en medio del claro, en ella apareció un señor larguirucho con aspecto cansado. Por lo que me dijo, era el encargado de llevar a las almas al otro lado; no volví a verlo nunca más.
La piedra se desplazó como por arte de magia y aparecieron unas escaleras que descendían al abismo. Nunca he sido nada religioso pero en ese momento no pude evitar pensar que estaba yendo derecho al infierno. Siempre nos han contado y hemos creído que el cielo está sobre nuestras cabezas y yo bajaba y bajaba, así que allí solo podría estar satanás esperando cobrar mis pecados en la Tierra con torturas y castigos variados. Nada de eso encontré y aunque sí que hacía un calor asfixiante tal y como uno esperaría del reino de satán, no había ningún demonio a la vista. Reconocí el lugar como una panadería, más adelante me enteré de que no se elaboraba pan, sino recuerdos para sueños de vivos.
Enseguida me recibieron unas veinte personas interesadas en saber cómo había muerto y me contaban todas a la vez porqué estaba allí abajo. No escuché nada de lo que me dijeron, el shock por mi muerte aún era reciente y la novedad de ese sitio mágico me apabullaba los sentidos. Lo único que quería era descansar. Que ironía estar cansado cuando tu cuerpo yace ya en una tumba para siempre. Pensé en cuánta gente podría estar llorando por mí y llegué a la conclusión de que no demasiada. Tal vez Richard, mi compañero de mus, podría llegar a extrañarme, sobre todo cuando no tuviese a nadie con quien jugar. Lo que quedaba de mi familia no se había preocupado por mí cuando estaba vivo, así que mucho menos en mi muerte; si acaso se les ocurría ir a buscar mi fortuna, lo llevaban claro. Mi testamento les habrá hecho mucha gracia, estoy seguro.
Cuando me encontré con Tommy en la habitación que nos tocó compartir, me asusté al ver su aspecto negruzco pero fue suficiente con que me contase su historia para sentir un fuerte deseo de protegerlo como el nieto que nunca llegué a tener. Tommy solo era un niño y lo que le había ocurrido no era justo.
Pasé mucho tiempo allí abajo fabricando recuerdos y no pasaba un solo día en el que no extrañase mi antigua casa y su aroma reconfortante. Era lo normal, decían mis compañeros, a todos le pasaba lo mismo pero nada se podía hacer para volver. Por suerte, Tommy guardaba un as bajo la manga que nadie había tomado por cierto y que yo, sin embargo, creí a la primera. A veces es suficiente con que alguien nos diga lo que queremos oír y lo que Tommy decía, que podía subir y volver al mundo de los vivos, a mí me interesaba mucho.
¿Cómo un fantasma? —pregunté un día mientras fabricábamos un recuerdo para el sueño de un bebé.
Algo así —dijo—. Si dibujas tu casa puedo hacer que llegues hasta ella.
Nunca pregunté el cómo ni el porqué. Me emocionó tanto saber que podría regresar a casa que todo lo demás perdió interés para mí. Después me enteré que Tommy sólo me necesitaba como medio para llevar a cabo su venganza, es decir, para usarme y hablar a través de mi; no lo culpo, alguien tenía que ayudarle a vengar su muerte y nadie mejor que su abuelo postizo para hacerlo.
Le he preguntado porqué no lo ha intentado antes con otra persona y su respuesta fue bien sencilla:
Eres el primero que me cree cuando digo que puedo viajar a través de los cuadros.
Claro. Es una idea absurda y difícil de asimilar pero bueno, estamos muertos. ¿Qué hay más irreal que eso?
Dibujé la fachada de mi casa con el mayor número de detalles que logré recordar y Tommy se encargó de darle color con sus pinturas especiales, como él las llama. Cuando terminó de pintar me cogió de la mano y nos metimos en el cuadro, antes de entrar dijo:
Traspasaremos el umbral, pero no estoy seguro de que lleguemos a tu casa, si ya no está en el mismo sitio, podemos perdernos y... vagar.
No importa —respondí—. Vamos a intentarlo.
Tommy me miró sonriendo como si ya supiera que yo iba a decir eso y puede que realmente así fuera. A veces tengo la impresión de que puede leer mi pensamiento.
Tenía mis dudas sobre si volvería a recuperar mi cuerpo físico y poder utilizarlo pero aquí estoy, y Tommy también, esperando a que llegue Carol y que empiece el espectáculo. El viaje ha sido instantáneo, como meterse en una batidora y girar sin control. El cuadro que dibujé, que Tommy pintó y por el que hemos llegado, está colgado junto a la chimenea en el salón pero no podemos regresar por ese, tendremos que hacerlo desde lo que antes era mi habitación y que ahora es un cuarto de un niño pequeño o puede que de una niña, no estoy seguro. Ha sido una suerte que la casa esté en venta en este momento y aunque también habíamos barajado la posibilidad de que estuviese habitada; habría sido un poco violento irrumpir de esta manera.
Me da en la nariz que Tommy sabe más cosas de las que dice, este no da puntada sin hilo.
Nada más llegar y antes de llamar a Carol, hemos pintado el cuadro por el que nos iremos, una imagen de la panadería de los recuerdos, así la llama Tommy, que casi ocupa toda la pared de la habitación. Dice Tommy que nuestro tiempo aquí es limitado y antes de que caiga la noche tendremos que llevarnos a Carol al otro lado a través del cuadro. No sabemos si funcionará pero hemos venido a intentarlo.



2 comentarios:

  1. Tengo «tus sueños» pendientes, y creo que este aperitivo me han confirmado que ¡necesito! leerlos.

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  2. Muchas gracias por tu comentario!
    Corre a leer los "sueños" que pronto sale la segunda parte :)
    Gracias!

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