Una idea inesperada

Las ideas esperan a ser encontradas. Esperan serenas a que pases a su lado y las recojas para después sembrarlas y que den sus frutos. Uno ...

Las ideas esperan a ser encontradas. Esperan serenas a que pases a su lado y las recojas para después sembrarlas y que den sus frutos. Uno nunca sabe con certeza dónde estará la idea que dará lugar a una novela, pero está ahí fuera, esperando por ti...







Hoy os voy a contar cómo una historia real puede llegar a convertirse en la semilla de una novela. Fue algo inesperado, pues la idea apareció de la nada y sin embargo estaba allí mismo, delante de mí desde hacía mucho tiempo, esperando a ser encontrada. 

Erase una vez una persona que siempre me contaba la misma historia. Una historia verídica y real sobre una extraña visión que había tenido...

Ocurrió un 31 de Octubre, cuando ésta persona y otras dos se reunieron por la noche en el pueblo, como hacían habitualmente, para echarse unas risas y hablar de la vida misma. En un momento de la noche, a la persona principal (a la que llamaré "Persona 1") de esta historia se le ocurrió la genial idea de ir a visitar el cementerio para no aburrirse. 
"¿Por qué no?" dijeron los otros.
Antes de llegar el cementerio , la Persona 1 se detuvo y dijo:
-¿Qué es eso?
En una de las tumbas de la parte alta del cementerio había alguien. Una sombra negra que parecía estar calentándose las manos al calor de la vela que había allí. La Persona 1 creyó que era algo demasiado pequeño para ser una persona y pensó que tal vez solo se tratase de un jarrón. Estaba oscuro para saber a ciencia cierta de qué se trataba, pero no podía ser un jarrón o una corona de flores, porque empezó a moverse. La sombra se giró hacia ellos y la Persona 1 distinguió algo que debería ser su cara, aunque no era más que una tonalidad diferente al resto del cuerpo negro de la sombra. Los tres se estaban inquietando pero no se iban, simplemente se quedaron allí parados. De pronto la sombra pareció crecer y se movió hacia los lados como intentando verlos bien. Ahí fue donde la Persona 1 perdió la calma y se echó a correr sin mirar atrás...

La verdad es que la historia es difícil de explicar, aún cuando hoy mismo --la Persona 1-- me la ha vuelto a contar para poder escribirla siendo fiel a la realidad.
El caso es que fue esta historia, y no otra, la semilla de "El Pueblo". La idea inicial era contar cómo tres chicas se encontraban esta sombra en el cementerio y después le ocurrían un montón de cosas extrañas, pero fue cambiando hasta convertirse en la historia de Andy Thomas, un historiador frustrado que por fin consigue su primer trabajo con unos antiguos documentos encontrados en la torre de un castillo. De todos modos, y como no podía ser de otro modo, la semilla de la novela aparece en las primeras páginas con Andy como protagonista y con un poco de aderezo.
Sigo corrigiendo la primera parte de la novela que espero esté lista para dentro de muy poco, mientras, os dejo con esta misma historia de la sombra pero versionada a lo Andy Thomas. Espero que os guste.



Al final logró encontrar el dichoso cementerio. Se paró delante de un camino de tierra blanquecina. Al lado izquierdo había una gran casa de piedra. ‹‹Seguro que es la casa del cura, típico de los pueblos pequeños›› pensó Andy y al otro lado del camino, había un muro no muy alto y también de piedra, que permitía ver una multitud de huertos con árboles que se extendían hacia abajo.
Al fondo del camino de tierra, una desvencijada verja negra guardaba en su interior el ansiado cementerio que estaba separado en dos partes. En el centro había una pequeña iglesia y alrededor estaban las tumbas; un poco más arriba, separado de la iglesia por otra verja, ésta más pequeña, más y más tumbas.
Andy podía distinguir a lo lejos, las sombras de las cruces que adornaban las sepulturas. Caminó mirándose los pies, el contacto con la tierra le recordaba su niñez en Meriland, su pueblo, cuando jugaba a dibujar su nombre en la tierra o a hacer empanadillas de arena, nada apetitosas.
Alzó la cabeza suspirando, le entristecía pensar en cómo de rápido pasaban los años y sin remedio. Cuando miró hacia adelante dejó de caminar. Estaba a unos trescientos metros de la verja y en la parte alta del cementerio, agachado al lado de una tumba, había alguien rezando.
Alguien o algo, porque era demasiado pequeño para ser una persona. ¿Un niño tal vez? Vestía de negro en su totalidad y por el pelo, largo y también negro, se diría que era una mujer. ¿O quizá solo era una sombra? La poca luz de la única farola allí presente no dejaba ver de qué se trataba realmente.
Andy caminó unos pasos y observó como la cosa —algo—niño—mujer extendía las manos encima de la vela. Daba la impresión de estar calentándose al calor del cirio. El corazón se le iba a salir del pecho, se podía decir que en una sola noche estaba segregando mas adrenalina que en toda su vida pero su curiosidad era superior al miedo y se acercó un poco más. Quizá era la propia adrenalina lo que lo empujaba a seguir aunque lo lógico sería que lo obligase a huir.
Ahora distinguía la forma de la cara, un poco extraña, sí, pero una cara al fin y al cabo. Casi podría jurar que veía el perfil de aquella persona diminuta. Aunque no podía ser, pues no había nariz en su perfil.
Andy, Andy... Deberías ir a dormir —dijo en voz alta riendo con nerviosismo. El sonido de su voz le asustó aún más.
Fue entonces, cuando la cosa—algo—mujer—niño pareció crecer. Andy se armó de valor y caminó hacia delante sin saber porqué lo hacía. La cosa se estaba levantando pero no como se levanta cualquiera que está agachado, no. Se levantó con rapidez, girando la cabeza y mirando hacia donde estaba Andy. La cosa alargó un brazo señalando a Andy con un dedo e inclinó ¿la cabeza? hacia adelante. Parecía querer decir:
‹‹Te he visto››.
Andy vio con asombro que no había ninguna forma en la cara de aquel ser, no tenía nariz, ni orejas, tan solo una especie de boca que más bien parecía un pico y dos cuencas negras haciéndose pasar por ojos. Llegó incluso a ver una ligera sonrisa maligna en su rostro. Pero era imposible que viese todo eso desde tan lejos, era tan solo su imaginación y la sombra de la luz de la farola. ¿No?
No esperó más y salió corriendo por donde había venido. En ningún momento miró hacia atrás para comprobar si aquello lo seguía, daba por hecho que así era y temía que en cualquier momento, la cosa—niño—mujer lo atrapara llevándolo a la oscuridad. Una sensación muy poderosa se hizo dueña de él mientras corría y por imposible que pudiera parecer, se veía desde arriba, como si de repente, se hubiese escapado de su cuerpo para convertirse ahora en un pájaro que lo observaba desde el aire. Tan solo duró unos segundos que para Andy fueron interminables. La sensación se apagó al llegar a una pequeña plaza que tenía como único habitante a un pilón de piedra salpicado de musgo verdoso y en cuyo interior nadaban unas alegres truchas.
‹‹Alegres ahora, moribundas después››, pensó Andy sin sentido alguno.
El sonido del agua lo reconfortó y se inclinó frente al pilón como si le estuviera haciendo una majestuosa reverencia. Sin embargo, lo único que intentaba era recuperar el control de su corazón que latía como no lo había hecho en muchos años.


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